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¿Qué es Duolingo para las escuelas?

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Otra escuela que ya es posible… Ni exámenes ni deberes ni libros de texto

Escuelas sin exámenes, con las puertas abiertas para que el alumno entre y salga a voluntad, mezcla de edades en clase… no todo en la vida son libros de texto, pupitres y controles.

En el mundo educativo hay diferentes iniciativas, en el sector público y en el privado, alejadas de las prácticas habituales de la escuela. Proyectos que exploranmétodos educativos alternativos, basados en proyectos más o menos científicos, con enfoques muy distintos entre sí. El llamado método Montessori o las escuelas Waldorf son dos de los más conocidos. También hay centenares de escuelas libres por todo el país.

Por diferente que sea su método, todos estos centros están en el sistema educativo y por tanto tienen que cumplir con las exigencias que marca el ministerio de Educación. Pasan las pruebas diagnósticas de primaria, por ejemplo, y lo hacen con buen resultado en general.

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Cada uno a su ritmo en Waldorf

En las escuelas Waldorf el alumno y el maestro desarrollan un vínculo muy fuerte. Los tutores acompañan a una misma clase durante seis años, de 1º de Primaria hasta 6º, creando un afecto que Antonio Malagón, fundador y profesor de la Escuela Libre Micael de Madrid, califica de «fundamental».

Nombrada por el primer lugar en el que se abrió una de estas escuelas (en la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria de Stuttgart, Alemania, para los hijos de los trabajadores), en 1919, la pedagogía Waldorf fue desarrollada por Rudolf Steiner. El sistema educativo «respeta el proceso madurativo del alumno equilibrando y fomentando su intelecto, su sensibilidad artística y su voluntad, para capacitarlo ante los desafíos de la vida».

«Realizamos una formación humana muy fuerte», explica Malagón. Las enseñanzas en los centros Waldorf no salen de los libros de texto, que se emplean a modo de consulta en el mejor de los casos. «Desarrollamos la enseñanza en función del desarrollo de cada niño, tenemos en cuenta la evolución y aplicamos los contenidos de las materias en función de esta evolución», argumenta.

Esta es la característica que Eva Pradillo apreció más. Cuando conoció el método no lo dudó. La escuela Micael era perfecta para su hijo, que con tres años apenas hablaba. «Me habían dicho que ya iba a ir retrasado siempre», recuerda hoy esta ex maestra. «Aquí se respetan los ritmos, no se cataloga a los chicos», razona.

En la Escuela Libre Micael los días se dividen en tres franjas. Las primeras dos horas se dedican a las materias tradicionales. Se trabaja «por inmersión» un tema específico durante tres semanas seguidas. El alumno realiza un trabajo, forma grupos, expone. Es una «experiencia de aprendizaje, lo que aprenden lo están creando para que lo sientan como propio y no como una píldora que se tragan y la escupen en un examen. Se trata de mover la información para recibirla, reelaborarla y asimilarla», cuenta Malagón. «Nos la tienen que contar y elaborar sus propios libros de texto», continúa.

La siguiente parte del día, otras dos horas, se dedica a desarrollar lo artístico, un elemento fundamental en todo centro Waldorf. Los estudiantes trabajan la pintura, el teatro, etc. Y la jornada concluye con otras dos horas en las que se trabaja la transformación de la materia en talleres de forja o carpintería, por ejemplo. En este aparatado cada estudiante escoge un proyecto «que permite que la individualidad, el ser único de cada uno, pueda despegar», según explica Malagón.

Eva Pradillo, madre de Lucas, es consciente de que la pedagogía despierta algunos recelos, fruto de una observación «tradicional» del sistema. «A veces cuesta un poco. La gente cree que es un método sin disciplina, pero no lo es. Simplemente pasa que no se grita», explica.

Libertad en los centros Montessori

«Si tú entras en una clase Montessori verás a los niños trabajar sin que la maestra tenga que instarles a ello. Llegan, se ponen la bata y a trabajar», explica Montse Julià, directora del colegio Montessori-Palau de Girona.

Al sistema de enseñanza que elaboró la doctora italiana Maria Montessori a principios del siglo XX se le ha quedado la definición de «método». Pero es más que eso, defiende Julià. «Es una pedagogía científica, muy profunda. Ella bajó al nivel de aula, garantizando y comprobando que las actividades que se realizan en el aula dan los resultados esperados», argumenta. ¿En qué consiste?

«Hay tres elementos fundamentales», comienza Julià. «El primero es ofrecer unas oportunidades y un ambiente preparado que permita a los niños expresarse como ser humano con todas sus tendencias (orden, comunicación, abstracción, pensamiento matemático, conceptualización, imaginación, etc). También es importante que la maestra sea capaz de observar a todos los niños para aprender sus diferencias. Y la formación es importante para conocer las características psicológicas de cada etapa para que pueda ofrecer a los niños experiencias con estos intereses», enumera. Este es el marco teórico general.

Mónica Manzanera sólo buscaba un colegio para sus hijo mayor por criterios geográficos: que estuviera cerca. Fue entrar en el Montessori-Palau, observar cómo trabajan los niños en el aula de infantil y tomar la decisión. «Me quedé impresionada de cómo estaban, las instalaciones, los materiales…», cuenta. Su hijo (y la pequeña detrás) serían Montessori.

Bajando al aula, en los centros Montessori los niños se mezclan por edades según su estadio de desarrollo. Entre cero y tres años hay dos grupos se separan según caminen o no. En el siguiente nivel están desde los dos años y medio hasta los seis. En primaria hay dos corrientes: una que defiende que estén todos juntos y otra que opta por dividir en dos subetapas. «Esto permite que los pequeños tengan a los mayores de referencia y los mayores enseñen a los pequeños con sus trabajos. Es más real, más la vida, donde la gente se mezcla sin edades«, valora Julià.

El aula Montessori está llena de materiales para el alumno. La maestra ejerce de guía: dispone un ambiente preparado para que los niños vayan aprendiendo, y otorga cierto margen de maniobra para que el niño escoja los materiales que quiera y realice alguna actividad productiva. La libertad de los alumnos es fundamental. Para escoger y para trabajar tanto tiempo como necesiten. Cuando más mayor es el niño y más tiempo lleva en el ambiente, más libre es para escoger. También tiene más materiales y actividades, de modo que se amplían sus posibilidades.

Aulas y contextos en Amara Berri

Además de estas pedagogías definidas existen muchos centros que desarrollan sus propios métodos. Lo hacen dentro del sistema, adaptados a las exigencias de las normas educativas, aunque cumplan con estos mínimos por otros caminos.

Un ejemplo es la red de centros Amara Berri de Euskadi, que cuenta con su propio sistema educativo desde 1979, impulsado por Loli Anaut. Amara Berri no tiene exámenes, apenas incluye deberes y se articula en torno a contextos de aprendizaje en el aula. Supuso principalmente «cambiar la forma de interpretar a los alumnos», según Maribi Gorosmendi, jefa de estudios del centro del que salió el sistema. El niño pasa de ser un receptor de conocimientos al eje del aprendizaje. «Lo importante no es lo que aprendan sino la persona», argumenta Gorosmendi.

Lo importante no es lo que aprendan sino la persona

El sistema se basa en seis principios que guían el trabajo en el centro: individualización (cada persona trabaja a sus propio nivel y ritmo desde sus capacidades), socialización (somos y actuamos como seres sociales), actividad (mental, que los niños tomen decisiones y sean el motor del sistema de aprendizaje), creatividad, libertad, globalización y normalización.

«La clave son las diferencias metodológicas», explica la jefa de estudios de Amara Berri. El sistema trabaja con programas de ciclo y mezcla de edades. En cada aula se encuentran alumnos de dos años distintos. «Las diferentes edades en el grupo hace que las relaciones entre ellos sean diferentes. Y un año ejercen el rol de pequeños y otro el de mayores», expone.

El otro elemento son las aulas. Cada una de las clases está especializada en una materia. Una en lengua, otra en matemáticas, etc. Y a su vez el aula se divide en cuatro contextos o centros de trabajo, especializado cada uno en un área. Por seguir el caso del aula de lengua, dos de los centros de trabajo son la zona de charlas o la de creación literaria.

Los grupos van rotando por las aulas, al contrario de la escuela tradicional donde los que rotan son los maestros. El grupo se divide en cuatro subgrupos (uno por área de trabajo) y cada alumno desarrolla una actividad relacionada con su contexto. «Los niños deciden qué quieren trabajar. Así partimos de sus intereses. Cada actividad tiene su método de trabajo. Les ayuda a ganar autonomía, saber planificar», ilustra Gorosmendi. Y al final exponen.

Los contextos se mantienen durante todo el ciclo y los niños van rotando por las aulas. «Cada vez que vuelven al contexto acceden con otro bagaje o conocimiento. La segunda exposición será más elaborada porque el niño será más competente», explica.

Además de estos modelos, más definidos o definibles, hay cientos de escuelas por España que desarrollan sus propias metodologías. Algunas siguen en parte pedagogías como las expuestas, otras cogen elementos de varias para formar un método y las que hay que han creado las suyas propias, como Amara Berri. En muchas de ellas -y en la escuela pública se está haciendo también- prevalece la idea cambiar el concepto tradicional de la escuela y colocar al niño como receptor pasivo del conocimiento sino como centro activo del mismo.

Fuente: www.eldiario.es

Maestro21.org

«La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas»

Francesco Tonucci
Pensador, psicopedagogo y dibujante

Su asignatura favorita era el dibujo y la más odiada el álgebra. Con sus amigos jugaba a las carreras de chapas y salía a pasear por el bosque. Nunca se olvidará de aquel maestro de primaria que robó la merienda a un niño para explicar los tiempos verbales. Aunque su experiencia escolar fue muy regular, Francesco Tonucci se ha convertido en uno de los grandes pensadores de nuestros tiempos.

 «La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet.» La definición, llamada a suscitar una fuerte polémica, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci. Pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál es su misión? «Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo», responde.

Para Tonucci, de 68 años, nacido en Fano y radicado en Roma, el colegio no debe asumir un papel absorbente en la vida de los chicos. Por eso discrepa de los que defienden el doble turno escolar.

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«Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios», explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!, entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien definió como «un lujo de gobernante».

Dialogó con LA NACIÓN sobre lo que realmente importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo escolar.

Propuso, en primer lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para empezar a dar clase. «No hay que considerar a los adultos como propietarios de la verdad que anuncian desde una tarima», explicó.

Recomendó que «las escuelas sean bellas, con jardines, huertas donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños sobreexigidos».

Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. «¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho», es parte de su decálogo.

De hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre, un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que respeten la voz de los más pequeños.

-¿Cómo concibe usted una buena escuela?

-La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que hay que «llenar» porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.Una escuela alternativa

-¿Cómo se deberían transmitir los conocimientos?

-En realidad, los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.

-¿Qué recomienda?

-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.

-¿Cuál es rol del maestro?

-El de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.

-Varias veces usted ha dicho que la escuela no se relaciona con la vida. ¿Por qué?

-Porque propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.

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-¿Cómo se puede motivar a los alumnos frente a los atractivos avances de la tecnología: el chat, el teléfono celular, los juegos de la computadora, el iPod, la play station?

-El colegio no debe competir con instrumentos mucho más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.

-¿Es positiva la doble escolaridad?

– En Italia llamamos a este fenómeno «escuelas de tiempo pleno». La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a jugar. Deberíamos defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber.

http://www.lanacion.com.ar/1085047-la-mision-principal-de-la-escuela-ya-no-es-ensenar-cosas

Maestro21.org

La escuela pública de Nueva York que fabrica premios Nobel

Potenciales premios Nobel

Sólo el 5% de los aspirantes consigue aprobar cada año el examen de ingreso.

Con sus puertas verdes y sus pasillos de color marrón, la Bronx High School of Science parece una escuela pública más de Nueva York. Pero las apariencias engañan.

Este colegio secundario es una verdadera fábrica de premios Nobel en ciencias. Es el establecimiento educativo de Estados Unidos con más ex alumnos distinguidos con ese galardón.

Ocho exalumnos de la Bronx High School of Science han recibido un premio Nobel de Física o Química desde 1972.

En la entrada principal del centro, junto a la vitrina de los trofeos, hay un póster con las fotografías de los galardonados. Falta el último, Robert F. Lekftkovitz, que anduvo por los pasillos de esta escuela en 1959 y que acaba de ser distinguido con el Nobel de Química.

Hijos de inmigrantes

Los futuros premios Nobel de la Bronx High School of Science tienen entre 14 y 17 años y, como la mayoría de los alumnos de las escuelas públicas de Nueva York, son hijos de inmigrantes, la primera generación que nació en Estados Unidos.

Robert F. Lekftkovitz y Brian Kobilka, premios Nobel de Química 2012Robert F. Lekftkovitz (izq.) es el más reciente galardonado que salió de la escuela: le otorgaron el Nobel de Química 2012.

Amanda Elyssa Ruiz, de 17 años, está realizando una investigación sobre inmunología. «En mis experimentos estoy simulando el efecto de una proteína sobre la leucemia aguda en el sistema inmunológico», le contó a BBC Mundo, sin titubear ni una vez al explicar complejos conceptos científicos.

La Bronx High School of Science recibe la misma ayuda pública que otras escuelas de la ciudad de Nueva York, pero tiene un programa especial para la ciencia.

El establecimiento ayuda a los alumnos a encontrar un mentor científico y un laboratorio profesional para proyectos de investigación en las materias de biología, ingeniería, informática y ciencias sociales.

La doctora Jean Donahue, asistente de la dirección para ciencia, le relató orgullosa a BBC Mundo que los proyectos que desarrollan los alumnos «son como en la vida real».

«Investigan de verdad, descubren cosas nuevas y en muchos casos los hallazgos que hacen se publican en revistas científicas».

Consejos

«Busca algo en lo que eres bueno y que otros vean como difícil». Este es el consejo que le dio a Ian Kaplan, de 17 años, el premio Nobel de Física David Politzer cuando vino a visitar su antigua escuela.

Kaplan está investigando modelos informáticos que puedan predecir el ganador de los debates presidenciales y vicepresidenciales de Estados Unidos.

Otro estudiante, Valerio Zhang, investiga el efecto que tiene una proteína en el crecimiento de células en el cáncer de próstata.

No le sorprende que su escuela haya producido tantos premios Nobel y subraya: «El último es muy importante porque es el primero que tenemos en química».

Talento y esfuerzo

Cartel con los Premio Nobel de la escuela Bronx High School of ScienceLa escuela recuerda con orgullo a sus exalumnos premiados.

Ser alumno de la escuela pública secundaria más laureada de Estados Unidos requiere mucho talento.

Sólo el 5% de los estudiantes consigue aprobar cada año el examen de ingreso. En este curso, 3.000 alumnos tienen el privilegio de asistir a las aulas por las que han pasado los hasta ahora ocho premios Nobel.

Kate Fruitman quiere descubrir qué olores inducen a los consumidores a pasar más tiempo en una tienda y, por eso, está inmersa en un experimento relacionado con la psicología del comportamiento.

La Bronx High School of Science todavía no se ha llevado ningún Nobel en ciencias sociales.

«Quizás yo sea la primera», le dijo Kate a BBC Mundo.

Fuente: BBC

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Escuela de Talentos: La escuela del futuro

La Escuela de Talentos del Callao le saca el jugo a la tecnología en la era de la información

 

 

Ella levanta la mano apenas el profesor pide un voluntario para resolver una interrogante en la pizarra ‘touch’. Carolina Portella, de 14 años y alumna del cuarto de secundaria de la Escuela de Talentos del Callao, suelta su computadora y, sin titubeos, toca con su índice derecho un par de links en la inmensa pantalla. Listo.

El uso de la tecnología de punta de la era de la información y las comunicaciones es la característica principal de este centro educativo estatal, que empezó a funcionar el año pasado y es administrado por el Gobierno Regional del Callao.

La escuela, ubicada en la cuadra 5 de la Av. Japón, reúne, de lunes a sábado, a 200 alumnos de cuarto y quinto de media, quienes, antes de ingresar al plantel a través de un riguroso examen, integraron el quinto superior de sus colegios, siempre públicos y del Callao.

“Una clase interactiva es más interesante que una con cuadernos. Aprendes con lo digital, viendo páginas de Internet, escuchando audios”, sostiene Carolina, quien a diario llega a las 7 a.m. desde la zona de Licenciados, en Ventanilla, hasta el colegio para tomar desayuno y empezar las clases que duran hasta las 5 p.m. y solo son interrumpidas por el almuerzo en la cafetería del plantel.

Proyectos laborales y científicos desplegados en blogs y compartidos por Facebook, oraciones en inglés escritas con plumones electrónicos sobre luminosas pizarras, ensamblajes y programaciones de robots, ejercicios físicos al ritmo de música de laptops, relajantes clases de violín. Todo ello y más complementa al currículo del Ministerio de Educación en la Escuela de Talentos.

“En la clase usamos Google, el Gmail y el blog, que es utilizado por los chicos para consignar sus experiencias y por los profesores, para estructurar sus clases. No usamos cuadernos”, comenta José Solís, profesor de Educación para el Trabajo, curso que busca dotar de capacidades tecnológicas y emprendedoras al alumnado.

“También trabajamos con el Facebook, el Google Docs, el chat y el Wikipedia, herramientas con las que profesores y alumnos se interrelacionan para el aprendizaje”, agrega el profesor Solís.

RETO PARA EL FUTURO

Según Elizabeth Orrego, coordinadora general de la escuela, el 65% de los alumnos es de extrema pobreza y la mayoríaes de Pachacútec, en Ventanilla. Zoila Robles Franco, de 15, piensa ser ingeniera ambiental. Cursa actualmente quinto de secundaria y para ella ha sido un reto cambiar de colegio.

“Por la enseñanza virtual dejé los cuadernos y pasé a las computadoras, las redes sociales y los avances tecnológicos. Gracias a ello, en la universidad sé usar programas, editar videos y hacer afiches, lo cual es vital en mi carrera de Comunicaciones”, dice, por su parte, Joselyn Celestino, de 17 y egresada el año pasado.Ella estudia en la universidad tras obtener una de las siete becas universitarias que el Gobierno Regional del Callao otorgó a los mejores alumnos de la promoción 2011, la primera de la Escuela de Talentos.
“Se busca dar una educación integral. Por eso también se dan clases de música, danza y teatro”, subraya Luis Escudero Ramírez, gerente de Desarrollo Educativo del Com

ité de Administración de Fondo Educativo de la Región Callao.

El moderno colegio fue implementado con dinero de las rentas de aduanas. Sus profesores pasan por una estricta selección y a los alumnos se les cubre los pasajes, agrega.

“Iniciativas como esta ayudan a extender el piso de calidad de nuestra educación. Mejoran la infraestructura educativa y la calidad de los maestros”, destaca Fernando Bolaños, viceministro de Gestión Institucional del Ministerio de Educación.

 

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